Álbum debut (y homónimo) de la cantante estadounidense Tracy
Chapman. Después de intentar ganarse la vida por las calles
de Boston la fortuna quiso que en 1988 grabara este álbum y nos regalara temas
como la popular “Fast Car”, “Talkin´Bout a Revolution” o “Baby Can I Hold You”.
Toques de folk, pop y alguna pincelada de música africana para pasar un rato
estupendo. Yo me quedo con “For my lover”, y ¿tú?.
Roxy Music y
su Avalon (1982). Adjunto directamente una brillante reseña elaborada por
Enrique Martinez en la web de Sysvisions, yo no podría describirlo con mayor
solvencia. Disfruten.
Creo que debe ser un signo de madurez dejar de juzgar a la gente por lo que le gusta, permitir que la soberanía del mal o buen gusto gobierne la vida de las gentes libres. El segundo y decisivo paso sería no avergonzarse de lo que le gusta a uno mismo, dejar de echar esas miradas paranoicas a un lado y otro buscando la aprobación de los demás. Y el tercer nivel, el más difícil, es reconocer públicamente lo que te gusta, por poco “cool” que sea. Yo no debo haber llegado a ese tercer nivel, porque esta crítica, que no deja de ser una confesión guardada hace tiempo, ha necesitado el empujón de ver a Bill Murray destruir “More Than This”, una de mis canciones favoritas secretas, en medio de una película (“Lost In Translation”) en la que suena alguna de la música más “cool” de todos los tiempos (My Bloody Valentine, Elvis Costello, Jesus & Mary Chain).
Sin tanta compañía cool tal vez nunca me habría atrevido a reconocer a lo alcohólico anónimo, lo mucho que me gusta un disco tan poco cool como “Avalon”. Visualizo la escena. Horteras Anónimos, reunión semanal. Me levanto y miro al grupo de terapia. Hola, me llamo Enrique y me gusta “Avalon”de Roxy Music, ese epítome de la música de yuppies, el final de una carrera decadente y en cuesta abajo. Un disco de comercialidad supina, de flaccidez extrema. Soy indigno. O tal vez no.
Como dice Greg Dulli a uno le gusta lo que le gusta. Y a mí me gusta “Avalon”. Con este álbum se cerró la carrera discográfica de Roxy Music; y en realidad se abría la de Bryan Ferry en solitario, que comenzó a trabajar en él con otros músicos en 1981 (ahí está “To Turn You On”). Pero, finalmente empleó a sus compañeros para, en el canto del cisne de la formación, definir por completo el personaje que interpretaría el resto de su vida: el del crooner postmoderno. En un ambiento sedoso, pulcro hasta casi la esterilidad, su voz, cargada de un clasicismo absolutamente en desuso, se mecía en total ingravidez, mientras un romanticismo imposible daba forma a la perfecta banda sonora del amor de anuncio de perfume. “Avalon”, cuya portada y título remitían más a un disco heavy metal sobre los ciclos artúricos, parecía en realidad música para copa de champagne o cóctel en mano, smoking tal vez alquilado, y pretensiones de sofisticación. Algo decadente y completamente contrario al pop como máquina de subversión. Ferry jugaba en un registro en el que nadie, salvo tal vez el David Bowie de entonces, pretendía jugar. Y algunos sin duda respirarían aliviados ante la falta de compañía de Ferry en estos inventos. En una nueva forma de sofisticación aparecía inserto el crooner de toda la vida.
Curiosamente se podría enclavar el sonido y el ambiente de “Avalon” en una época, y casi en un lugar. En los felices ochenta anglosajones, los de los trajes de Armani, el deportivo aparcado en la puerta, la coca en el cuarto de baño, los Yuppies arrobándose y hablando de naderías. Pero en realidad es un disco encerrado en sí mismo, único en su especie. Probablemente porque nadie llevó estas intenciones a semejante extremo, de alguna manera “Avalon” resulta un disco radical, casi experimental en su producción pulida hasta la exageración por los propios Roxy Music y Rhett Davies. El sonido sedoso, de género indefinido, creado por Bob Clearmountain con una maraña de instrumentos reales y sintetizados enclavados en un minimalismo que los lleva casi a construir un “muzak”, proscribe todo énfasis, al igual que en la voz de Ferry. Si se observan todas las canciones, incluidas aquellas que como “The Main Thing” o “To Turn You On” contienen un cierto nervio, en ninguna de ellas se produce ninguna verdadera explosión, ni un sólo crescendo sobreactuado, ningún gesto efectista, ni una sola concesión de cara a la galería que altere el estable encefalograma del amor de plástico. En esto, y en la manera de prolongar los fragmentos instrumentales que abren y cierran los temas, se comprueba que la comercialidad de estos últimos Roxy Music era mucha, pero también que algo del espíritu explorador de sus inicios les llevaba aún a palpar los confines de un sonido tan aparentemente convencional.
Todo esto me lleva a apuntar una desquiciada teoría sobre el carácter conceptual de “Avalon”. Un disco que parece apuntar una tesis y una profecía. En su contraste entre letras de amor abismal y sonido impecable, contenido y “formal”, existe una tensión sugerente. Una especie de declaración implícita: por mucho que lo intentemos, las viejas pasiones de toda la vida, tarde o temprano, devorarán la fachada de superficialidad consciente que estamos construyendo. Al final la olla a presión reventará, y el histrionismo de los sentimientos heridos, cuando las cosas ya no nos vayan tan bien, saldrá a presión. Y si a todo el yuppismo hedonista le siguió el exceso pesimista del grunge, y si Brian Ferry en realidad quiso decir esto, entonces “Avalon” es un disco casi sobrenatural.
Pero sobre todo permanece resistente al tiempo y a las modas la defensa que nunca falla, esa serie de canciones excepcionales. La fama de este álbum descansa para los restos sobre dos pilares que pertenecen por mérito propio al poblado canon de las mejores canciones románticas del Siglo XX. La perfección de “More Than This” y el misterio que oculta la falsa apariencia de “Avalon” son ya leyenda. Pero no están solas. Tanto “The Space Between”, “Take A Chance With Me”, “To Turn You On” o “True To Life” son joyas un tanto olvidadas, en las que probablemente reside el espíritu decadente de “Avalon”. Con ellas se convierte en uno de los discos más exageradamente autosuficientes e idiosincrásicos que jamás haya escuchado, la normalidad llevada hasta una exageración que la hace excéntrica.
Pero sobre todo “Avalon” se trata de uno de los mejores discos sobre (y para) el amor jamás grabados. Y después de todos estos años, con el pelo engominado y revuelto, el smoking abotonado pero el cuello y la pajarita abiertos, cigarrillo largo en una mano, copa en la otra, Ferry sonríe cínicamente. En cierto modo una vez, en la que menos se imagina la gente, fue tan radical como su ex-compañero y rival Brian Eno. Nos hizo creer que nos vendía lo mismo que todo el mundo, cuando en realidad todos compramos lo que él quería vendernos. Las más satinadas alcobas y los más improvisados picaderos del mundo nunca volvieron a ser los mismos. Y “Avalon” sobrevivió pacientemente a todos los divorcios que los vieron apagarse.
Otro clásico básico: Easter (1978) de la gran Patti Smith y su banda.
Posiblemente el álbum mas mediático de la cantante/poetisa/activista de
Chicago. Contiene temas míticos como “Because the night” (el cual,
curiosamente, no es completamente del puño y letra de Patti, lo escribió junto
a Bruce Springsteen que también colaboro en la producción), “Rock N Roll Nigger”
o “25th floor”. Yo me quedo con el hipnótico “Ghost Dance” para esta tarde de domingo.
Por cierto, gran portada ¿verdad?
Saturnino Rey y Acción Sánchez a los aparatos, SFDK y su álbum 2005, para mí el último que vale
la pena. Todavía sin gorras planas vamos. A pesar de que el single fuera el
repelente “Niño Güei” hay bastante goma que mascar: La colaboración con Tote en
“$+€”, instrumentales de nivel, el toque reggae con Morodo o la divertida “Noeres feo ni ná”. Un disco no apto para puretas pero con cortes de calidad y
grandes colaboraciones. Me quedo con el “Interludio” por el mensaje y con el
Bonus track de “Crossover”. 2005…y parece que fue ayer...
Primer Ep (1963) del cantautor valenciano Raimon. Un Raimon de 18
años recién cumplidos se inspira en uno de sus viajes en motocicleta y nos
regala una de esas canciones tan potentes, tanto por su significativo valor reivindicativo (sobretodo en épocas de represión) como por el torbellino de
emociones que parecen sacudirnos como un soplo de viento en la cara: "Al vent".
Las señales para forjarse como himno político antifranquista son claras: La
cara Al vent (en contraposición con “al Sol”), cantada en valenciano… pero no
hay que dejarse cautivar por estas restrictivas cortapisas, Al vent es una oda
a la libertad, a la vigorosa juventud, un grito de esperanza y, como tal, se
dignifica. Tan solo Lluis Llach le tose con su "L´estaca". “La Pedra”, “Som” y “A
cops”completan un EP que enmarca perfectamente una época, y que mueve y re-mueve
sensibilidades. Me quedo con esta
estrofa y con la cara al vent. Grande.
"I tots, tots plens de nit,buscant la llum, buscant la pau,buscant a Déu, al vent del món."
Nueva entrega de nuestras listas diabólicas cargadas de temazos. En esta ocasión con más jazz, y funk. Como siempre en formato spotify y links de youtube para los despistados. LISTA DIABÓLICA ABRIL PARA SPOTIFY AQUÏ ¡A disfrutar!
1. Family Affair - Sly & The Family Stone (link)
2.Cero a la Izquierda - Vainica Doble (link)
3. In a sentimental mood - Coltrane y Ellingtone (link)
4. Miss ghetto - Poor Righteous Teachers (link)
5. Have a nice day - Stereophonics (link)
6. I was made for loving you - María Mena (link)
7. La Ley de Murphy - Sr.Chinarro (link)
8. Sabrás decirlo - Welelo (link)
9. Guava Jelly - Nash (link)
10. Maggot Brain - Funkadelic (link)
11. Higher Ground - Stevie Wonder (link)
12. Faster than the speed of Night - Bonnie Tyler (link)
13. Story of an Artist - Daniel Johnston (link)
14. In the Guetthe - Klaus & Kinski (link)
15. El tercer día de Abril - Lovely Luna (link)
16. Bebemos - Igor Paskual (link)
17. Jolene - The Llittle Willies (link)
18. La reacción - Joaquín Pascual
19. Chameleon - Herbie Hancock (link)
20. Vagabondo - Nicola Di Bari (link)
Klaus & Kinski vuelven a la carga con su nuevo largo “Herreros y fatigas” después de “Tu hoguera está ardiendo” (2008) y el alabado “Tierratrágalos” (2010). Un trabajo en el que brilla la electrónica, que dibuja paisajes lúgubres en el imaginario del oyente endulzados con la tibia vocecilla de Marina de fondo, que conmueve a la vez que acongoja. He de confesar (al contrario de lo que he podido leer en otras críticas del disco) que en ciertas ocasiones se me hace difícil entender bien el contenido de las letras, quizá no tanto por el volumen del vocal aunque quizá si por la dicción aunque puede que sea problema del entendedor… a pesar de todo no me impide disfrutar, a la postre, de su lírica divertida y fenotípicamente infantil (aunque realmente entrañen marañas de sentimientos para nada inocentes, claro está). Se atreven con infinitud de estilos: electro-pop, country, habaneras… Un disco, en definitiva, denso. Abstenerse el que busque un pop facilón: “Herreros y fatigas” no es fastfood, se trata de un plato que hay que degustar poco a poco, paladeando. Me quedo con el single “Ojo por diente”, la habanera “In the Goethe” y “El día de los embalsamados”. Buen provecho.
Otro de los clásicos básicos de todos los tiempos: “PurpleRain” de Prince and the Revolution. Sobran las alabanzas ante un disco como éste. Me quedo con la canción que abre el álbum “Lets go crazy”, “Baby I´m a star” y, con la guinda del pastel, la pegadiza “Purple Rain”. Una joyita.
Segundo trabajo de los pamplonicas Los Ginkas: “Ginkana-Rama-Gabba-Rama-Mania” (trabalenguas en toda regla). Después de su “Retumbarama” vuelven con las pilas cargadas de pop/rock-abily, vermouth, y ganas de marcha. En una onda entre AerolíneasFederales y The Cramps, incluso se arrancan con una versión de "City of People" de The Illusions en “Pim-Pam-Ville”. El diseño de lujo a cargo de Luis Paadin, y de regalo una fanzine para que te conviertas en un auténtico RamaBoy Mutante. Brindemos con un vermouth por ellos, eso sí, corto de Cinzano.
Johnny Nash y su “I can see clearly now”, pionero en buscar nuevos ritmos en la paridisíaca Jamaica. En este LP encontramos, aparte de la mega versionada “I can see clearly now”, varios temas escritos por el, todavía en la sombra, Bob Marley: “Stir it up”, “Guava Jelly”, “Comma comma” y “You pouredsugar on me”. Curiosamente encontré este disco de segunda mano y, a pesar de que parece que ha sido utilizado de posavasos, tiene una misteriosa firma que parece del propio Nash...
...soñar es gratis. Disfruten.
Bonnie Tyler y su “Faster than the speed of Night”, el álbum que marcó un antes y un después en su carrera. Gracias a éste, y su número uno “Total eclipse of the Heart”, cosechó fama a nivel mundial. Esa voz aguardentosa (aunque mucho más dulce aquí que posteriormente, cuestión de edad claro) y esa estética ochentera no son otra cosa que esas pequeñas grandes señas de identidad que conforman a esta grande de la música pop/rock de los 80. Me quedo con la homónima “Faster than the speed of Night” porque me motiva a más no poder, con la canción que abre el disco “Have you ever seen the rain?” y, cómo no, el hit “Total eclipseof the Heart”. Así da gusto.
Dos de los grandes discos del gran Stevie Wonder, “Talking Book” de 1972 y “Innervisions” del 73. A estos se podrían sumar el álbum que hay entre medias “Music of my mind” o el gran recopilatorio “Songs in the keyof life” para formar una escalera de color, nunca mejor dicho. Ambos están englobados en la etapa clásica del genio de Detroit. El maravilloso “Talking Book” y ese temazo que es “Superstition” (por echarle el guante a algo entre tanta ambrosía) y ¿qué decir de "Innervisions"? Pues que quizá, aunque siempre es arriesgado hacer éste tipo de sentencias, se trata de su mejor álbum: Comenzando desde el temazo “Too High”, “Higher Ground”, “Living for the City”… o baladas como “Allin love is fair” o “Golden Lady”. Que Stevie es uno de los grandes es algo que queda claro solo con darle al play. Mientras tanto yo le hago un guiño al Jueves Santo y me quedo con la funky “Superstition”. Disfruten.
PD: Red Hot versionando "Higher Ground" AQUI















